Pistas sobre la construcción de lo político

Documento de trabajo del VIII Taller internacional sobre Paradigmas emancipatorios. 2009

El desafío que tenemos las organizaciones populares, las redes y movimientos sociales es poner en común los sentidos de una construcción de lo político como proceso de la propia lucha contrahegemónica y los objetivos emancipatorios del movimiento social-popular, superando la lógica fragmentaria y elitista de la visión liberal de la política.

Hay un fraccionamiento de las luchas de los movimientos, no hay dudas, y una trabazón para llegar a la articulación política que se da puntualmente en campañas pero no cuaja como propuesta estratégica antisistémica. ¿Cómo construir esa totalidad política que no sea, por otra parte, tramposa, que escamotee la diversidad y a la vez que se obstruya por las barreras que cada movimiento pone para integrarse, unirse o articularse con los demás?

En el vocabulario, discursos, gritos, consignas y declaraciones de los movimientos nos encontramos con recurrencia dos conceptos: “lucha” y “contra”. Somos “anti” antes que “alter”, de alternativas, sin embargo, no siempre tenemos claro anti o contra qué luchamos. Para saber contra qué luchamos es necesario conocer el Sistema Capitalista, profundizar en sus particularidades actuales, en sus posibilidades reales de reproducción para acertar en los sentidos y las pistas de lo que implica hoy el anti-capitalismo, lo anti sistémico, y proyectar las mejores alternativas que generen una experiencia o una realidad anti sistémica.

La experiencia histórica muestra múltiples intentos por buscar los puentes entre determinadas luchas por demandas y reivindicaciones y la construcción política que las abarca. Pesa aún la idea gradualista fragmentaria de que es preciso pasar de las demandas reivindicativas de los trabajadores a la instancia política como algo “posterior”. O en otros casos, pasar de las demandas por el reconocimiento (de género, étnico-racial, diversidad sexual, derechos de la naturaleza, etc) como un escalón para saltar a lo político. Frente a estas visiones, se mantiene también la concepción liberal instrumentalista de la política, según la cual lo político se define exclusivamente en el ámbito organizativo institucional, al margen de los movimientos sociales. Ambas visiones muestran la ausencia de la perspectiva de la lucha contrahegemónica como proceso que se da simultáneamente en todos los espacios, momentos y emprendimientos de resistencia y lucha alternativa.

No se trata de desconocer esas instancias particulares, ni de obviar las mediaciones, sino de concebir la totalidad política de otro modo, sin fraccionarla previamente, sin atomizarla para luego enfrentarnos a una reconstrucción que inevitablemente puede dejar espacios y relaciones de dominio fuera de la estrategia política alternativa.

Pistas para el análisis de lo político

Proponemos debatir y enriquecer las siguientes pistas para el análisis de lo político desde la perspectiva de los movimientos sociales populares:

El contenido del Sistema de Dominación Múltiple que hemos desarrollado en los talleres sobre paradigmas emancipatorios abarca las siguientes prácticas de:

  • Explotación económica y exclusión social (Aparecen nuevas formas de explotación de las empresas transnacionales de producción mundial, a la vez que se acentúan las prácticas tradicionales de explotación económica y a esto se agrega la exclusión social que refuerza las primeras)
  • Opresión política en el marco de la democracia formal (Política-espectáculo neoliberal: contaminación visual y “pornografía” política, irrelevancia decisoria del voto ciudadano, vaciamiento de la democracia representativa, corrupción generalizada y clientelismo político, secuestro del estado por las élites de poder).
  • Discriminación sociocultural (étnica, racial, de género, de edades, de opciones sexuales, por diferencias regionales, entre otras)
  • Enajenación mediático-cultural (Alta concentración de los medios como forma de dominio del capital sobre la sociedad, su conversión en espacios de toma de decisiones políticas y de contrainsurgencia frente las alternativas y las resistencias populares que pongan en peligro su hegemonía, su papel como puerta “estetizada” del mercado capitalista, antesala visual de la plusvalía, paralización del pensamiento crítico a través de la velocidad de la imagen fragmentada y del simulacro virtual, hiperrealista de las televisoras, lo que el Subcomandante Marcos llama, con razón, “el Canal Único del neoliberalismo”)
  • Depredación ecológica (en el sentido de que la especie humana, colocada como “responsable” y no como “dueña” de la Tierra, ha contraído una deuda ecológica, al no haber podido impedir la proliferación de modelos utilitarios de intervención en la naturaleza, que han destruido los ecosistemas).

El despliegue de esta categoría facilita el análisis integral de las prácticas de dominación, y por ende, permite debatir los problemas de la emancipación en clave más compleja, hacer visible los elementos antisistémicos que no siempre relacionamos como aristas de una misma lucha. De ahí la necesidad de abordar la crítica a las prácticas de dominio y sujeción acendradas en la sociedad contemporánea vinculadas al examen de los problemas actuales de la articulación de las demandas libertarias y emancipatorias en el movimiento social y popular de América Latina y el Caribe.

 Relaciones de poder

 Lo político se establece desde las prácticas y relaciones de poder. Estas se despliegan en la sociedad como redes que atrapan todas las dimensiones de las relaciones entre los seres humanos. El poder reside en la capacidad para construir las estructuras que condicionan y enmarcan la producción de subjetividad social. Por lo que el poder es el punto de partida y a la vez la consecuencia de la reproducción del campo espiritual de la sociedad. El poder es una instancia positiva y creadora. Los modos de apropiación de las relaciones de poder fijan un espacio específico de lo social. Las relaciones de poder de dominación serán aquellas que como necesidad impiden la autoconstitución de otros sujetos.

En el capitalismo lo político adquiere un carácter específico y se autonomiza con respecto a lo económico, a la vez que se crea una compleja interrelación entre estos dos espacios de manifestación de la praxis social. Las relaciones sociales en el capitalismo son las que generan objetivamente la percepción de lo político como una esfera separada de lo económico y del Estado como una instancia situada por encima de los intereses particulares, expresión de la universalidad.

El capitalismo logra el consenso legitimador de su poder en la producción objetivamente condicionada de un mundo fetichizado de universalización de la forma mercancía, que se realiza a través de todas las actividades vitales de los seres humanos –no solo actividades laborales, sino también educativas, familiares, religiosas, artísticas, de producción científica, y otras. La lucha por la hegemonía como condición indispensable de la lucha política es el requisito para la reproducción emancipada de procesos históricos, formas de vida y de autorrealización de los seres humanos individuales.

El liberalismo centra lo político en la figura del ciudadano, despojada de las diferencias de nacimiento, estado social, cultura y ocupación, las que pasan a ser consideradas como diferencias no políticas, pre-éticas. Esto es, democracia procedimental sobre la base de la sociedad civil escindida en clases antagónicas. «No obstante —apunta Marx en La cuestión judía–, el Estado deja que la propiedad privada, la cultura y la ocupación actúen a su modo, es decir, como propiedad privada, como cultura y como ocupación, y hagan valer su especialnaturaleza. Lejos de acabar con esas diferencias de hecho, el Estado existe sólo sobre esas premisas, se siente sólo como Estado político y sólo hace valer su generalidad en contraposición a esos elementos suyos».

Lo político se relaciona esencialmente con el poder en todas sus expresiones y modos. Desde el movimiento social popular alternativo, lo político supone la necesidad de concebir y construir un poder alternativo al del capital, contrahegemómico, que devenga, a su vez, germen de un nuevo modelo de estatalidad y de poder popular cuyo horizonte sea la emancipación social-humana como proceso histórico.

Lo político debemos seguirlo viendo en clave marxista, ampliando la naturaleza social del poder, que se sigue materializando en el Estado pero abarca múltiples relaciones, múltiples prácticas en las que se debate el polo dominación-emancipación simultáneamente. Lo micro y lo macro no son lugares espaciales, separados, sino arquetipos de un mismo sistema integral de dominio, cuyo centro emana de las relaciones sociales, las instituciones y las lógicas del capital. La tarea consiste en revelar (concienciar desde la propia experiencia de lucha) los vasos comunicantes entre todas estas vertientes de dominio, para tener claridad sobre la articulación política que necesitamos, aunque no todos los componentes de esa articulación tengan desde los primeros momentos claros sus objetivos antisistémicos.

La lucha por una nueva hegemonía

La experiencia muestra que no es posible, dentro de un sujeto tan plural como el que hoy se autoconstituye en las variadas luchas antisistémicas, definir prioridades. Cada uno tiene las suyas, con razón, pero se pueden definir, objetivamente, puntos estratégicos comunes. De ahí también que la elección de estos objetivos puede ser resultado de un análisis y un pensamiento políticos compartido y consensuado entre todos los componentes del movimiento social popular. Tendremos que hallar pistas y caminos que nos orienten en la constitución de un (nuevo) bloque histórico y una (nueva) hegemonía emancipatoria.

La política alternativa debe armonizar autonomía y hegemonía. La dificultad de algunos movimientos sociales es que no logramos autoconstuirnos como movimientos social-políticos alternativos. La autonomía es fundamental para defender los intereses de los grupos y sectores marginados y discriminados, del pueblo, de la masa, pero no es absoluta. La política tiene un momento institucional y si se le rehúye, si se insiste en preservar su autonomía como una categoría absoluta, si se oponen autonomía y hegemonía, los movimientos se relegan y pueden adquirir rasgos corporativos.

De cualquier modo, la autonomía se refiere a la independencia estratégica del movimiento popular, más allá de las coyunturas políticas de tipo institucional. Si la autonomía se asume como un principio ético absolutizado y se convierte en axioma político descontextualizado, puede derivar en soberbia y coraza frente a las realidades políticas en curso, por muy loables que sean las razones esgrimidas en teoría y la radicalidad del discurso anticapitalista. La autonomía que tiene sentido en la lucha emancipatoria es aquella que se opone a la subordinación de los intereses populares y no la que se opone a la hegemonía popular, que articula obligatoriamente las esferas económica, social e ideológica, en el plano político. La autonomía es tal cuando deviene acción independiente y coordinada de la fuerzas del cambio revolucionario en el desencadenamiento de la actividad de insurgencia social El paso de la defensiva – concentrada en la resistencia social – a la lucha por una nueva hegemonía, caracteriza la década actual del continente, que se transformó, de laboratorio de experiencias neoliberales, en el eslabón más frágil de la cadena neoliberal del mundo. El tránsito de lo social a lo político conlleva numerosos retos y peligros que deben ser afrontados desde y por el movimiento social popular en los ámbitos local, nacional, regional y global.

Lo político debe hoy asumir creativamente las tensiones que se producen entre las luchas contrahegemónicas de carácter tradicional (centradas en una visión de la política exclusivamente institucional) y las emancipaciones. La hegemonía del capital se expresa mediante un sistema de dominación múltiple que comprende lo económico, lo político y lo social, pero también lo simbólico cultural y las relaciones estéticas. La lucha contrahegemónica debe desplegarse en todos esos planos, ya que el desafío es la superación del capital como sistema de dominio, subvertir no sólo sus tramas sociales e instituciones, sino sus lógicas productivo-culturales y simbólico-comunicativas.

La perspectiva antisistémica

Lo político revolucionario hoy se inscribe en la perspectiva antisistémica, esto es, anticapitalista, antipatriarcal y en favor de modos no depredadores de producir y reproducir la vida. No se trata de idealizar o mistificar prácticas emergentes, muchas de las cuales han convivido como “islotes” en medio del océano global de la propiedad privada, sino de estudiarlas y potenciar sus posibilidades en las alternativas políticas antisistémicas que se construyan. Esas experiencias anuncian nuevos mundos que no siempre vemos, ni socializamos como es debido, y están en las propias prácticas alternativas de los movimientos sociales populares, aunque al parecer son contingentes y fuera de lo pensado habitualmente desde el paradigma modernizador.

La dirección antisistémica (antihegemónica) está ligada en su razonamiento al avance de las emancipaciones, mas no de la noche a la mañana, ya que no se puede vivir una mutación genética sociopolítica de manera inmediata, espontánea y radicalmente distinta al sistema hegemónico capitalista, sino como parte de un desprendimiento de la vieja piel para cubrirse de otra alternativa. Esta transición implica por tanto incoherencias, contradicciones, pero con una direccionalidad por medio del desprendimiento para dar origen y parir otros mundos.

La construcción de alternativas antisistema debe vivenciar las siguientes características:

  • Necesidades. A diferencia de la especulación, las necesidades reales marcan la producción y reproducción de la vida.
  • Participación. Contraria a la competencia capitalista la población participa de manera activa y creativa para construir su mundo sin el detrimento de que otros queden rezagados en el camino.
  • Distribución. Contraria a la acumulación. Este mundo reparte lo que sobra, los excedentes. Nadie acumula y el valor de compartir sobresale y se contrapone al valor del acumular. El rico no tiene cabida en este sistema-mundo. Los bienes alcanzan para todos: agua, tierra, alimentos, etc.
  • Diversidad. Contrario a la homogeneización la diversidad complementa y enriquece; la diversidad biológica y cultural alimenta los mundos; la diversidad une y no separa.
  • Colectividad. Contrario a la relación dueño y desposeído, el proyecto mundo es de la colectividad. No hay patrón. Hay iguales.
  • Perspectiva de género. Contrario al sistema patriarcal, es una visión científica, analítica y política sobre las mujeres y los hombres. Elimina las causas de la opresión de género (desigualdad, la injusticia y la jerarquización de las personas basada en el género). Promueve la igualdad entre los géneros a través de la equidad, el adelanto y el bienestar de las mujeres; contribuye a construir una sociedad en donde las mujeres y los hombres tengan el mismo valor, la igualdad de derechos y oportunidades para acceder a los recursos económicos y a la representación política y social en los ámbitos de toma de decisiones.
  • Democracia. Sin totalitarismos, imposiciones o decretos para imponer voluntades de pocos, la participación informada y activa construye futuro y dignidad.
  • Solidaridad. No hay deudas que pagar, hay solidaridad que expresar.
  • Para todos todo. A diferencia del empobrecimiento de la mayoría y enriquecimiento de muchos, la riqueza material, cultural y de cualquier tipo alcanza para todos y todas; es de todos y todas.
  • Igualdad. A diferencia del racismo y los privilegios que genera, se expresa y se vive las relaciones de igualdad en derechos pero también en obligaciones colectivas.
  • Ecológico. Contrario al ecocidio, respeta la naturaleza y vive en armonía con ella. Hace uso razonable y sustentable.
  • Soberanía. Contrario al control monopólico sobre los bienes, la capacidad de definir por sí mismo el rumbo y el camino que se quiere tomar para vivir en plenitud.
  • Equidad. A diferencia de la explotación, las relaciones ni el bienestar de unos es a costa del sufrimiento, el hambre y la pobreza de otros.
  • Justeza. Sin necesidad de generar necesidades artificiales que consuman desproporcionadamente el sistema, se usa lo que se necesita con justeza.
  • Público. No convierte todo lo que ve y encuentra en propiedad privada, sino que garantiza el beneficio de todos y todas.
  • Autonomía. Sin dependencia parasitaria sino unidad en la diversidad de visiones y modos propios de autogestión y en libertad.
  • Paz. Contraria a la guerra que alimenta la vida y la economía, es la diversidad, la autonomía, la soberanía como sinónimos de paz, que no se entiende como la mera ausencia de balas o conflictos armados o la mera pacificación mientras sigue existiendo el hambre y la violencia institucionalizada, sino la paz con justicia, equidad y felicidad para todos y todas.
  • Nuevo lenguaje. Una nueva forma de llamarle a las cosas en el nuevo sistemamundo que no repita o solo reformule la conceptualización capitalista.
  • Visión política. Clara conciencia de querer vivir y expresar otros mundos diferentes al capitalismo.
  • Derechos Humanos. Donde toda persona humana, su felicidad y su plenitud, sea el objetivo central del proyecto político. No como una dádiva o regalo, sino como los elementos esenciales para poder vivir esa plenitud. No como un mero derecho, sino también como una obligación que liga con la sociedad.

Sólo la diversidad genera unidad. Y sólo existe la unidad porque hay diversos. Es por ello que la diversidad de culturas hace posible que en el Mundo haya Otros Mundos propios, suyos, distintos al Sistema Capitalista. Por ello, Alter-Natos son Otros Mundos, otros sistemas diversamente unidos. Por ello el movimiento social no es uno, sino muchos, con una lucha anti capitalista local y con visión global sistémica, pero en búsqueda y en experiencias reales aquí y ahora de cada vez mayor plenitud humana. Esta es la lucha antisistémica en Honduras donde se gesta un Alter-Natos, una nueva esperanza. Nuestro sueño no es un sueño: ¡Un Mundo sin Capitalismo!

En síntesis:

La construcción integral de lo político se hace desde la cotidianidad de la propia lucha y sus objetivos emancipatorios. Lo político no es un momento que sucede a otras instancias de resistencia, lucha y creación alternativa, sino una dimensión omnipresente de lucha contrahegemónica (política, económica, social, cultural, simbólica, comunicativa) desde de la diversidad del movimiento social popular.

Lo político es una dimensión permanente en la lucha contra hegemónica como necesidad de reapropiación no dominadora de las relaciones de poder. Lo esencial de la política es la creación de condiciones de posibilidad de producción y reproducción de subjetividad social autónoma, emancipada, y auto constitutiva.

La lucha contra hegemónica es la supresión del consenso impuesto por la violencia y la coerción y la reproducción de una hegemonía basada en un consenso superador de todas las formas de dominación y fetichizacion de las relaciones sociales.

También te puede gustar